‘’La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad’’
El título de este post hace alusión a la primera pista que comparte con sus lectores Eduardo Punset en su libro El viaje a la felicidad sobre los rasgos comunes que tenemos con los animales en cuanto al comportamiento ante la expectativa. Punset señala que en el hipotálamo se encuentra el <<circuito de la búsqueda>>, el cual es un circuito que se activa cuando los animales y los humanos experimentamos el recorrido del camino que nos llevará a conseguir lo deseado, la ‘’felicidad’’, pero no se activa al momento de obtenerlo. Un ejemplo de esto viene a ser el comportamiento alocado y excitado de los perros ante la inminencia del momento de comer: saltan, ladran, mueven la cola al ver que el amo está en el proceso de servir el alimento y cuando ya se consuma dicho proceso y llega el momento propiamente de comer, el perro se calma y ya no expresa la misma euforia de antes.
Con todo esto uno puede llegar a pensar cómo vamos a disfrutar más del camino-que muchas veces puede ser turbulento- que de la meta en sí; ¿cómo una sala de espera puede esconder la felicidad si nosotros somos impacientes? Pues bien, Punset nos dio una explicación biológica sobre el circuito de la búsqueda antes mencionado, ahora me gustaría que reflexionemos sobre lo que significa paciencia y recorrer el camino.
En primer lugar, la paciencia es el reto que todo ser humano afronta. Significa comprender que el mundo está lleno de matices y que como nosotros hay millones de personas, con su respectiva energía, que se mueve en el mundo, deseando cosas, trabajando por ellas y esto nos ubica en un plano en el cual debemos aprender a lidiar con toda esta energía transformada en complicaciones o en atajos. Pero muchos no sabemos aun darle la mejor energía a nuestra paciencia: nos exasperamos muy rápido y damos muchas cosas por sentado; pensamos que somos pacientes pero ¿de qué manera lo somos? Una cosa es esperar y hacer de esa espera el mejor de los momentos, otra muy diferente es esperar envenenando la vida de tu sociedad, con amargura. Entonces la complicación, el retraso, la pérdida de tiempo, aparecen… y nuestro cielo se torna gris. Esto causa que tendamos a expresar conductas agresivas, negativas, pesimistas y el objetivo de felicidad que teníamos antes de ‘la espera’ se aleje cada vez más, volviéndose aparentemente inalcanzable.
En segundo lugar está el camino. Empecemos diciendo que, como mencioné en mi primer post, aun no es sino que está siendo. Este aun-sin-ser camino se encuentra compuesto por el espacio que viene a ser la sociedad y los condicionantes naturales con los que convivimos; y por la forma, que varía de acuerdo a la energía que recibe de la paciencia. El espacio es la construcción y mantenimiento colectivos de la sociedad en el cual nos desarrollamos y muchas veces, nos adaptamos a lo ya dado. También existen otras ocasiones en las que decidimos transformar ese espacio porque consideramos que carece de algo trascendental que nos lleva a cuestionar lo que somos y construir nuestra identidad y no caminar a ciegas, pasivamente, por el mundo. La forma va a ser dada de acuerdo a la energía que reciba de la actitud frente a la espera, va a ser mostrada como el motor de la felicidad o infelicidad.
Entonces, para afirmar que la felicidad se esconde en la sala de espera de la felicidad debemos tener en cuenta que la paciencia y la forma y espacio del camino que recorremos son factores sumamente importantes que van a regir nuestro camino a la felicidad, o mejor aun nuestro camino feliz. Tal vez todo esto podría resumirse en a frase de Mahatma Gandhi: ‘’No hay camino para la paz, la paz es el camino’’. Quizás sea eso y la felicidad no ‘esté’ en algún lugar, sino que sea el camino, el recorrido, el espacio y la forma.
Aun queda mucho por reflexionar.
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